Para llegar a esto, bastó sencillamente encerrarlos en
celdas escasamente iluminadas, abandonarlos en estas condiciones por largos
periodos, logrando mediante este método que los mismos prisioneros solicitaran
tener contacto con quienes los habían sometido a interrogatorio. En esta
situación de quiebre, los prisioneros terminan por afirmar todo lo que se les
pregunta en el interrogatorio. La NASA, reconstruyendo las condiciones en que
encontraron a los prisioneros de Corea, confirma que mediante el aislamiento
total de un ser humano se puede conseguir su completa adhesión y su adaptación
o destrucción, sin ninguna intervención de violencia física exterior.
Se trata de un local del tamaño de una celda donde los
muros y el escaso mobiliario son blancos, perfectamente aislados del exterior;
sin luz natural, sin sonidos que vengan a perturbar el silencio absoluto. La
comida es pasada por un tapiz al prisionero, para que no pueda ver nada del
exterior. Los resultados de tal experiencia enseñan que el prisionero más
determinado a resistir sólo ha podido resistir dos días y una noche
Conviene ante todo
destacar el aspecto puramente concreto de estas prisiones. El prisionero
político es puesto en una celda individual de 2 metros por 3, a la que accede
por una puerta acorazada. Los cuatro muros están pintados uniformemente de un
blanco monótono a veces con la añadidura de una minúscula ventana, en lo alto.
Todo es hecho para que el prisionero no tenga que
salir a los servicios higiénicos: una cama, una mesa y una silla constituyen la
única presencia material. No a los libros, no a la música; nada. La comida es
pasada a través de una trampa, como se hace para nutrir a una bestia. El
conjunto es insonorizado y el mundo físico del prisionero es reducido a una
distancia de tres metros, circundada de un silencio agobiador. A eso se suma el
de un uniforme, de los registros a cuerpo desnudo, una censura aumentada, como
también, la supresión o la limitación de las visitas de los padres y amigos, la
imposibilidad de hablar a otros presos. Existe una analogía que permite asociar
la cárcel a un cementerio y la celda a un sepulcro.


